En 2025, por invitación del geógrafo magüta Jhon Sebastián Parente Aránbula, el semillero inició un proceso de acompañamiento al fortalecimiento cultural de la comunidad indígena del pueblo magüta de Castañal Los Lagos (km 2.5 vía Leticia–Tarapacá, Amazonas). Durante este año se trabajó articuladamente con el semillero Tramas Textiles, dirigido por la profesora del Departamento de Diseño, Eliana Sanchéz-Aldana.
A lo largo de cuatro salidas de campo con estudiantes, se organizaron encuentros, talleres de mediación y el acompañamiento a la generación de alianzas entre líderes comunitarios de resguardos aledaños. Durante este proceso se fue estableciendo una relación de trabajo con un grupo de abuelas de la comunidad.
Namaa ta Kua fue un proyecto de los semilleros Amanecer la Palabra y Tramas Textiles de la Universidad de los Andes, Bogotá.
Desde la primera entrada a territorio se empieza a tejer una alianza con el profesor Abel Santos Angarita, de la Universidad Nacional de Colombia, Sede Amazonía quien nos asesora en la publicación de la serie de impresos Magütágüchiga que se centran en el tejido y el territorio para fortalecer la lengua y la cultura en la comunidad. En diciembre del 2026, organizamos un encuentro para hacer entrega del impreso y organizar una serie de eventos de cierre del año. Este encuentro se centró en el tejido y el territorio para fortalecer la lengua y la cultura en la comunidad magüta en Castañal Los lagos (km 2.5 vía Leticia Tarapacá) y en la sede Banco de la República en Leticia.

Espacio comunitario de socialización: Para el lanzamiento se organizaron dos eventos de mediación:
Evento de mediación
Conversatorio de Abuelas, entrega de Magütagüchiga
Concursos: de lengua magüta, Juegos tradicionales
Evento de mediación (Socialización) Centro Cultural del Banco de la República en Leticia Amazonas
Las Plantas a través de la Palabra: conversatorio Anitalia Pijachi Kuyuedo, lideresa del pueblo Okaina y Sandra Fernández, lideresa del pueblo Magüta
Taller de tejido Magüta a cargo de Ema Santos del pueblo Magüta.
En ambos encuentros se realizaron:
Estampación en serigrafía de camisetas con palabras en lengua Magüta, esto se llevó a cabo en El Castañal, Nazareth y el centro Cultural del Banco de la república.
Proyección del video Naane: Video realizado para proyectarse en el marco del Encuentro Namaa ta Kua (Buen trato a lo sembrado).
Realización: María Margarita Jiménez y Sara Marcela Gutiérrez.
Cámara: María Margarita Jiménez, Sara Marcela Gutiérrez, Jonnathan Fetecua, Eliana Sánchez-Aldana.
Animaciones: María Margarita Jiménez y Juan Cortez.
Música: Juan Cortez.
Diseño sonoro: Eileen Geraldine Flórez Hernández
Serie de impresos ilustrados por: Juanita Camargo, Sophia Herrera, Matías Lozano, María Margarita Jiménez.
Diseño: Eliana Sánchez y Sofía Escobar.
Textos: Abel Santos, John Sebastian Parente, Eliana Sánchez-Aldana y Maria Margarita Jiménez.
Traducción a magüta: Abel Santos Angarita.
CONVOCATORIA
EQUIPO
FECHA
Ministerio de Cultura - Beca de Movilidad 2025 y Convocatoria ArqDis
Semillero Amanecer la Palabra
Semillero Tramas textiles
Lanzamiento
14 de diciembre de 2025

El encuentro Sembrar Bien, realizado por el semillero Amanecer la Palabra y Tramas textiles coordinado por la profesora Eliana Sánchez del departamento de Diseño, tuvo como objetivo generar un espacio de diálogo y convivencia orientado a la construcción colectiva de una red de pensamiento y saberes, con proyección hacia el conjunto de la comunidad. La actividad buscó facilitar un lugar de reunión que permitiera a la comunidad del Castañal rememorar la lengua que el territorio conserva y propiciar su paulatino fortalecimiento.
Como resultado esperado del encuentro, se avanzó en la construcción de un glosario en torno al tejido, concebido para su posterior difusión a través de distintos medios —impresos y audiovisuales— que fueron entregados a la comunidad en diciembre 2025.
Se llevó a cabo la invitación a diecisiete (17) personas del pueblo Magüta para participar en un encuentro de una noche y un día realizado en el kilómetro 23. Como resultado esperado del encuentro, se avanzó en definición del tema de estudio (Cernidor o Küechinü) y la construcción de un glosario en torno a este, concebido para su posterior difusión a través de distintos medios —impresos y audiovisuales— y para su entrega a la comunidad en el mes de diciembre.
Los miembros de los semilleros planeamos dos jornadas de trabajo con el profesor Abel Santos Angarita, en las cuales le consultamos la idea de construir un glosario a partir de la experiencia de recolección de la planta de depe para el tejido del cernidor -Küechinü- los días del encuentro con las abuelas. Las jornadas de trabajo se transformaron en un mambeadero alrededor de un tablero sobre el cual el profesor Abel nos introdujo a la naturaleza rizomática o miceliar del pensamiento magüta. Estas jornadas nos demostraron que ese glosario tendría que ser miceliar.

CONVOCATORIA
EQUIPO
FECHA
Autogestionado
Beca CIC
Semillero Amanecer la Palabra
Semillero Tramas textiles
Lanzamiento
26 de septiembre y el 4 de octubre.
Para este primer acercamiento quisimos crear espacios para compartir saberes con la comunidad, organizamos y ofrecimos dos talleres: uno de audiovisual y uno de dibujo, y facilitamos dos espacios: uno de tejido y otro de tintes naturales, en los cuales fueron los abuelas y abuelos quienes nos enseñaron. Fueron 3 días de taller y un día de socialización de resultados. Luego, algunas personas de la comunidad nos llevaron al resguardo en el Km 23, en casa de Doña Mery y el tío Mañuco donde conocimos más del naane (cuerpo/territorio/tonco) de la gente de agua.
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Taller Audiovisual.
Taller de dibujo.
Espacios de tejido.
Espacio de tintes naturales.

El viernes 11 de abril aterrizaron en Leticia el grupo de avanzada, estando allá se dirigieron al km 2.5 al Castañal, a casa de Doña Marta y Don Sebastián, la casa Parente Arámbula. Esta es la casa familiar de Jhon Sebastián, donde nos quedamos mientras estuvimos en Castañal. Compartimos con Karol, Ivan, los abuelos y los nietos de la familia. Como llegamos un par de días antes al resto del grupo, empezamos visitando los objetos tejidos. Al llegar a Leticia, a la casa de la familia Parente, doña Martha empezó este hilo de conversaciones alrededor del tejido y el hilado. Doña Martha nos contó que su mamá le enseño a hilar, y que aún tenía guardada chambira que hilaban con ella. Esa misma noche, sacó la fibra y nos mostró cómo se hilaba torciéndola con la mano sobre la pierna.
Al otro día visitamos a la Doña Helena, y nos mostró lo que ella tejía, tinturaba e hilaba. En casa de la Doña Helena, estaba Don Eladio, su hermano quien nos mostró las hamaquitas que les hacía a sus sobrinos-nietos. Pronto entendimos que lo más valioso era dejar que fueran los mayores quienes marcaran el ritmo. M, Eliana, Juanita y Sophia se sentaron a aprender a tejer con ellos.
Finalmente, el lunes 14 de abril fuimos al km 23 a visitar a Doña Myriam, abuela de la comunidad que vive en el resguardo. Ella nos mostró cernidores, chambira torcida y sin torcer, la escoba de chambira, canastos y mochila. Compartimos con ella un rato en su casa, y salimos luego con Nixon, su yerno, al monte del km25. Él nos enseñó que debíamos pedir permiso para entrar al bosque, y allí nos mostró como bajar açaí trepándose a la palma.

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El 14 de abril, el grupo de avanzada vuelve del km 23 a Castañal y se prepara para recibir al resto del equipo que llegaba en el vuelo de las 5pm a Leticia. Nos encontramos en casa de Doña Marta todo el semillero y, como era de noche, decidimos espacios para guindar hamacas y dormir. Dado que éramos 15 personas, nos distribuimos en tres casas: Borboleta (bar de la comunidad), casa Parente Arámbula y la casa de Jaime. Amanecimos y fuimos a casa de Rodolfo y Nora a desayunar, quienes nos apoyaban con nuestra alimentación durante los siguientes cuatro días. Luego, se avisó por el perifoneo de la comunidad desde ese día empezábamos a ofrecer talleres de tejido, dibujo y audiovisual. Nos fuimos al colegio “Liceo los ángeles” donde nos dieron un espacio para convocar a la comunidad y realizar los talleres.
Los primeros asistentes fueron abuelos y niños interesados en tejido. M recuerda que fue Don Eladio quien tomó la iniciativa y empezó a enseñarnos a tejer una hamaca con fibras de plástico. El tejido es el mismo usado para tejer redes de pescar. Mientras que la abuela Helena nos mostró cómo hilar la chambira y con un poco de chambira hilada, le compartió a Juanita el tejido de mochila que había aprendido de su madre. Luego de encontrarnos con hamacas y mochilas, nuestra idea de taller se convirtió en un espacio de conversación y práctica donde el tejido era el catalizador de memoria y transmisión de historias —cuenta Juanita—. Así, mientras torcíamos chambira o anudábamos la atarraya, íbamos compartiendo historias, preguntas y aprendizajes.
Luego, empezaron a llegas más y más niños y niñas interesados en aprender a dibujar. El taller de dibujo lo desarrollamos principalmente con niños y jóvenes de la comunidad, en un rango amplio de edades —entre los 5 y los 19 años—, lo cual nos llevó a adaptar constantemente las actividades. Antes del viaje planeamos ejercicios de integración como el cadáver exquisto, dibujar a ciegas o experimentar con distintos materiales en secuencia, recuerda Shaiel. La propuesta inicial había surgido de un taller de fanzine que luego se transformó en taller de dibujo, y aunque llegamos con un plan, “el día antes del viaje ya habíamos cambiado la mitad y en territorio todo se transformó de nuevo”. La Semana Santa y las actividades religiosas hicieron que muchos niños no pudieran asistir, y quienes llegaron tenían tiempos de concentración muy diferentes, lo que nos llevó a personalizar los ejercicios según sus intereses.
En ese contexto, la colaboración entre nosotros fue fundamental. Aprender a enseñar fue un reto, comprendimos que necesitábamos otro punto de vista. Sara (Sarigueya) fue fundamental, le pedíamos consejo constantemente. Cada un_ de nostr_s tenía un fuerte. Por ejemplo, la fortaleza de Matías es la anatomía, Sara la fauna y flora; todos teníamos técnicas diferentes y materiales distintos —punturas, marcadores….—. Esa diversidad de enfoques enriqueció las sesiones y permitió responder mejor a lo que cada niño quería aprender.



Luego, los principales invitados a nuestros talleres, el grupo de danza “Los hijos del huito” llegaron. El trabajo audiovisual de este equipo interdisciplinario —que esperaba incluir mapping y nuevos medios o realidades expandidas— lo realizamos con el grupo de danza Los Hijos del Huito, liderado por Cristian Borrero en la comunidad Maguta del Castañal.
En nuestras reuniones previas a la entrada a campo pensamos que trabajaríamos de manera aislada en tres temáticas —audiovisual, textil, ilustración— y que desarrollaríamos un proceso estructurado de formación técnica: uso de cámaras, grabadoras, programas de edición, ejercicios de autorretrato, video en vivo e incluso una introducción al audiovisual expandido con mapping y programas de diseño sonoro. Nuestra planificación inicial fue ambiciosa. Sin embargo, desde el primer encuentro entendimos que el proceso sería otro. Ese primer día compartimos nociones básicas sobre el uso de cámaras y grabadoras, mostramos los equipos que llevábamos y cómo utilizarlos. Pero, al intercambiar intereses con el grupo, el taller cambió: ahora teníamos una nueva agenda co-decidida.


Como recuerda Sara, la experiencia tomó un rumbo distinto al compartir tiempo con ell_s. En los espacios entre ejercicios o tomas de fotografía, audio o video, pudimos ver que “más que querer aprender a usar esos equipos, querían era como tener a alguien que les ayudara a impulsar su imagen en redes”, afirma María José. Esto transformó la dinámica. Comprendimos que el aprendizaje de este tipo de espacios está en reconocer la importancia de no asumir los intereses de la comunidad y en pensar la enseñanza audiovisual como una creación situada: “uno puede asumir muchas cosas desde el desconocimiento y por eso luego se estrella”. Se trataba de articular nuestros conocimientos técnicos —que responden a lógicas externas— con las maneras en que el grupo de danza quiere ser narrado y presentado.
Desde el inicio, como recuerda Jonnatan, sabíamos de alguna manera que el plan no se cumpliría al pie de la letra y que lo importante era mantenernos flexibles: “cambió todo básicamente, no realizamos el taller, sino que más bien pusimos nuestros conocimientos al servicio de lo que el grupo quería”. Para él, el impacto más relevante fue abrir un camino de encuentro y confianza con la comunidad, sentando bases para pensar en un trabajo colectivo a mediano y largo plazo. Reconoció que visitar el territorio y compartir con su gente es “un privilegio y un aprendizaje enorme”, que nos cuestiona a quienes viajamos y a las formas habituales de acercarnos a una comunidad. Este primer día reafirmó la necesidad de co-construir metodologías desde los propios territorios, desde lo que aparece cuando nos encontramos.
Después de la jornada de talleres de la mañana tuvimos la tarde libre para conocer, estuvimos conociendo Leticia. Además, Jonathan fue a hacer un pequeño registro fotográfico y a compartir con el grupo de danza mientras ensayaban. Ese gesto sencillo anticipaba lo que sería el tono del proceso: más convivencia que instrucción formal, más acompañamiento que dirección técnica.
Por la noche, nos volvimos a reunir para escuchar en un mambeadero la palabra del sabedor Abel Santos. Lingüista y profesor de Universidad Nacional, sede Leticia. Quien nos compartió algunas nociones sobre la lengua maguta y nos contó historias del mito de origen de la gente tikuna y el origen del mundo.
El segundo día de taller, amanecimos en la casa Parente Arámbula. El grupo de Audiovisual fue el primero en levantarse, alistarse e ir a desayunar, ya que debían coger el bus al km23 a las 7am. El resto del equipo hizo lo mismo, pero se dirigió devuelta al colegio para empezar con el segundo día de talleres.El grupo de tejido reflexionó ese día lo siguiente: a los talleres que convocamos asistieron menos personas de las esperadas. Pero quienes iban mostraban todo el interés por sentarse a hacer. Igualmente, las visitas a las casas, el hacer en público, el interés por los quehaceres textiles despertó curiosidad. Doña Martha, por ejemplo, luego de que el hilado llegara de nuevo a su memoria, se acercó a aprender de don Eladio la técnica de anudado de hamacas. También vari_s niños y niñas se animaron a hilar y a participar en las actividades, y nos sorprendía que la mayoría de ellos/ellas ya sabían hilar y nos enseñaban. El oficio sigue ahí. Hilos gruesos y delgados, algunos tocidos con mayor rapidez que otros. Ver en acción cómo los hilos y el hacer activaba intereses y ganas de tejer nos llenó de emoción, pudimos entenderlo como un espacio de revitalización cultural.
El grupo de tejido reflexionó ese día lo siguiente: a los talleres que convocamos asistieron menos personas de las esperadas. Pero quienes iban mostraban todo el interés por sentarse a hacer. Igualmente, las visitas a las casas, el hacer en público, el interés por los quehaceres textiles despertó curiosidad. Doña Martha, por ejemplo, luego de que el hilado llegara de nuevo a su memoria, se acercó a aprender de don Eladio la técnica de anudado de hamacas. También vari_s niños y niñas se animaron a hilar y a participar en las actividades, y nos sorprendía que la mayoría de ellos/ellas ya sabían hilar y nos enseñaban. El oficio sigue ahí. Hilos gruesos y delgados, algunos tocidos con mayor rapidez que otros. Ver en acción cómo los hilos y el hacer activaba intereses y ganas de tejer nos llenó de emoción, pudimos entenderlo como un espacio de revitalización cultural.
Por su parte el taller de dibujo también avanzó. Sofía, que se unió al grupo de dibujo en la segunda jornada, recuerda a Maí, un niño que también es integrante de los Hijos del Huito y que prefería comunicarse por señas. “Él me dibujó a mí, y yo lo dibujé a él, mientras seguía las instrucciones de Sarigueya. No hablaba mucho, pero su destreza y su interés por el dibujo me llenaron por dentro; me cuestionaba de maneras técnicas y personales al mismo tiempo”. Ver ese entusiasmo fue una confirmación de que el dibujo generaba vínculos profundos más allá de lo técnico.
En simultáneo a estos dos talleres, estaba el equipo audiovisual a 20 kilómetros trabajando con el grupo de danza. Visitamos con tres parejas del grupo de baile el km 23, en la maloka de la comunidad. Nos acompañó y armonizó el encuentro la abuela Helena. Allí tomamos fotografías del grupo de danza e hicimos un registro en video de una nueva danza que estaban lanzando en ese momento.
Al terminar la jornada, mientras esperábamos el bus de las 2:00 p. m., fuimos a conocer el resguardo, a comer granadilla de la chagra y a bañarnos en la quebrada. Lo más valioso no fueron únicamente las tomas realizadas, sino los momentos de convivencia que despertaron memorias y oficios en la comunidad, y que nos permitieron aprender de los tiempos, ritmos y temas importantes para la comunidad a la que visitamos. La abuela Helena nos enseñó a pedir permiso para entrar a la maloka y nos compartió cantos.
El equipo audiovisual llegó de nuevo a Castañal a las 4pm, el resto del semillero ya había almorzado y les esperaba en el km11 donde iban a compartir con paisanos de otra comunidad un espacio de mambeadero en su maloka. Para compartir y aprender de la palabra dulce. Para acabar la jornada de ese día.
El día 3 de taller amanecimos en Castañal, pero esta vez nos dirigiríamos a “La Sede”, la casa del abuelo Nicolas Parente, sería el lugar que acogería nuestros talleres ese día. El equipo de tejido tuvo un acercamiento a tintes naturales, todos conocimos el huito. Nos cuentan así: aparecieron también los tintes naturales en nuestros encuentros: con la abuela Helena y Brígida aprendimos a preparar pigmentos que tradicionalmente sirven para teñir chambira, pero que terminamos usando también en ilustración, trae a la conversación Sophia, con ellos preparamos acuarelas. Esa mezcla nos mostró cómo las prácticas no se quedaron únicamente en los textiles, sino que fluyeron hacia otros lenguajes, uniendo el tejido con el dibujo. Una cosa llevaba a otra, la abuela Elena también nos mostraba dibujos hechos en la yanchama que eran usadas para hacer los trajes de los rituales y celebraciones propias Magüta. Una cosa llevaba a otra, nada se separaba, todo era parte de la misma red.
En lo personal y profesional, este trabajo nos transformó. Juanita afirma que le “mostró el valor que tiene la práctica artística en comunidad… (le) reafirmó que hay mucho que aprender de otros”. M señaló que la experiencia permitió a los estudiantes enfrentarse a las dificultades de convocar a una comunidad indígena con una alta influencia urbana y a lo que implica liderar un grupo y organizar una salida de campo, aprendizajes que son difíciles de evaluar, pero fundamentales para prácticas profesionales responsables y autónomas. Por su parte, Sophia, que se unió por un rato al grupo de tejido, aunque no tenía experiencia previa en textiles, terminó encontrando allí un gran interés. Se sorprendió de ver cómo el textil puede dar paso a tantas conexiones y conversaciones bonitas y profundas. "Me di cuenta de que en mi trabajo profesional me apasiona trabajar en colectivo" —compartió con el grupo.
Por su parte el equipo de dibujo para este día tuvo varias reflexiones ya llegando al cierre. El impacto de estos encuentros se notó en la perseverancia y curiosidad de quienes participaron. Shaiel recuerda la emoción de que un niño la llamara “profe” por primera vez, o la constancia de otro que, aunque no traía sus dibujos, practicaba en casa lo aprendido sobre caballos. También destaca que “entendimos que estaba bien si querían aprender cosas que no necesariamente eran comunes del territorio ni ancestrales: caballos, retratos de nosotros, personas con ojos morados o azules… la fantasía uniéndose con lo cotidiano”. Vimos en quienes asistieron el deseo de seguir aprendiendo técnicas y de que este tipo de actividades continúen, lo que demuestra un interés genuino de la juventud por las artes gráficas. Ese día fue divertido ya que hicieron con Sarigueya un taller de cadáver exquisito, lo cual les permitió jugar y crear a los niños que asistieron.
Y, en simultáneo, en el equipo audiovisual tuvimos una pequeña sesión experimental de mapping. Mientras tanto, Pablo realizó con los chicos del grupo de danza que asistieron un taller llamado “la caja de herramientas”, que nos permitió conocer cómo trabajar colaborativamente con el grupo de danza a futuro. En este espacio descubrimos que necesitaban apoyo para montar su portafolio. Aprendimos que nuestra planificación inicial fue ambiciosa. Pensamos que podríamos hacer desde autorretratos y ejercicios de cámara, hasta una introducción al audiovisual expandido con mapping y programas de diseño sonoro —, pero “todo cambió” —reflexiona Sara—. Jonnatan recuerda que desde alguna manera desde el inicio sabían que el plan no se cumpliría al pie de la letra y que lo importante era mantenerse flexibles: “cambió todo básicamente, no realizamos el taller, sino que más bien pusimos nuestros conocimientos al servicio de lo que el grupo quería”. A partir de esta experiencia pudimos imaginar la posibilidad de diseñar espacios de intercambio de conocimiento en contextos donde el acceso a la formación audiovisual técnica es limitado, pero que está lleno de mezclas de referencias propias con culturas populares y mainstream que enriquecen estas manifestaciones, y que van más allá de lo que ofrecen los tutoriales o cursos que pueden encontrarse fácilmente en ciudades o centros urbanos.
Al finalizar esta jornada, que fue la última de taller, fuimos a conocer el balneario del km 8. Un lugar que tiene un muelle turístico para bañarse en el río Tacana. Allí pudimos relajarnos y asentar los pensamientos sobre el trabajo hecho. Luego, salimos a conocer el puesto callejero del Beiju, un lugar de venta de casabe en la esquina de la droguería gloria, pasando por Coca-Cola. Un sitio que se ha vuelto una parada obligatoria siempre que estamos en Leticia.
El cuarto y último día de actividades en la comunidad, tuvimos una muestra de los resultados de cada taller. Los de tejido nos cuentan lo siguiente sobre su cierre. En cuanto a productos, logramos avanzar en una pequeña hamaca, hilar chambira, elaborar lanzaderas/agujas de madera hechas por don Eladio, y dejar registros fotográficos y de audio del proceso. Mientras nos enseñaban a tejer, Eliana recuerda como la abuela Elena y don Eladio hacían referencia a las herramientas y materiales en Magunta. Los momentos de hacer junt_s se convirtieron también en una manera de registro escrito de algunas palabras, lo que produjo un esbozo de glosario de tejido. A esto se sumaron las muestras de pigmentos naturales, que se usaron en ilustración, reforzando la idea de un proceso colectivo y entrelazado. Los tejidos, herramientas, materiales y palabras que recolectamos en estos días, se convirtieron en una pequeña muestra de cierre.
Más allá de lo material, lo que más valoramos fueron los vínculos creados y la certeza de haber abierto una “trocha” para seguir caminando con la comunidad del Castañal en su proceso de recuperación cultural. Como dijo Juanita, “el gran valor de la visita estuvo en los momentos más sencillos y genuinos de interacción con quienes nos recibieron y ayudaron”. Y sobre todo, que tiempo después recibiéramos fotos, mensajes y audios en los que nos contaban que habían seguido tejiendo. Nuestra presencia fue solo una excusa, que reconocemos se deriva de un ejercicio que sale de la academia, pero que despierta saberes que estaban dormidos en las manos de quienes ya sabían hilar o tejer, o que ahora quieren hacerlo. Mostraron objetos tejidos con sus nombres en Maguta.
Por su parte el grupo de dibujo cuenta que sintieron que el taller llenó de color y creatividad nuestra visita. Y en un momento se trenzó con el taller de tejido que trajo los tintes naturales. Los pigmentos que hicimos con las plantas pasaron de los jardines de las casas de Castañal Los Lagos al dibujo, mostrando cómo las prácticas se mezclaban y fluían entre grupos, y que el territorio también aportaba el color. Los productos del taller incluyeron carpetas de dibujos individuales que mostraban el proceso de cada niño, una exposición improvisada en las paredes de la casa donde se hizo el cierre, fotografías con autorización de familias, y una mesa con las muestras de tintes naturales convertidos en acuarelas que algunos se animaron a probar directamente. Más allá de lo material, lo que quedó fue el aprendizaje de preguntar con honestidad, de reconocer que no lo sabemos todo y de abrir espacio para la creatividad de cada participante.
Y, en el taller audiovisual, realizamos una muestra de un corto reel de video y una de las tomas del registro de la danza. Los chicos del grupo de danza también se presentaron ante la comunidad. En términos de productos, además de fotografías, grabaciones y una pequeña muestra audiovisual que hicimos con los Hijos del Huito, no creemos que los resultados más valiosos sean esos. En nuestras reuniones previas a la entrada a campo pensamos que trabajaríamos de manera aislada en tres temáticas —audiovisual, textil, ilustración—, pero esto se enredó. Las lógicas Magüta, que no hacen separaciones radicales como nuestras culturas occidentalizadas, se unieron desde el hacer. Las personas se cruzaron, porque quienes participaban —incluyéndonos— podíamos hacer un poquito de cada cosa.
El trabajo reafirma la necesidad de co-construir metodologías desde los propios territorios, desde lo que se encuentre cuando nos encontramos. No esperamos medir el impacto por el número de materiales entregados, sino en los vínculos tejidos, en las preguntas abiertas, en las publicaciones que usan en sus redes sociales con lo que produjimos y en la conciencia de que estos procesos requieren continuidad y tiempo. Como concluyó María José, “no es ir un fin de semana y ya”.
Luego de las muestras compartimos un olla para la comunidad que preparamos en casa Parente Arámbula, junto con la familia que nos acogió en esta entrada.
Luego fuimos a conocer la quebrada Yahuarcaca, nos llevó una prima de Jhon Sebastián a remo, pedimos permiso y nadamos. Recorrimos la comunidad desde la parte de atrás de las casas.
Después, aún nos quedaban algunos días, por lo que decidimos prepararnos e irnos a quedar en el resguardo en el km 23. Allí hicimos un recorrido en la selva acompañados por Nixon. Conocimos la casa de la tía Mery y el tío Mañuco quienes no habíamos estado en el grupo de avanzada. Compartimos en la chagra y en la quebrada cercana. Allí nos pintamos con huito y nos despedimos del naane de la gente de agua.

CONVOCATORIA
EQUIPO
FECHA
Ministerio de Cultura - Beca de Movilidad 2025 y Convocatoria ArqDis
Semillero Amanecer la Palabra
Abril 2025
A partir de una investigación sobre el pensamiento de algunos pueblos de la Amazonía, que inicia en el periodo intersemestral del 2024, se decide coordinar la ejecución de un mural para crear conciencia sobre el trabajo que viene haciendo las Asociaciones de autoridades Tradicionales -AATI- que contribuyen al ejercicio de protección de los pueblos indígenas en aislamiento voluntario o pueblos indígenas en Estado Natural, en particular los que habitan en PNN Río Puré y también sobre los derechos de dichos pueblos.
Ver Más.avif)
Gracias a la presencia de Jhonyl, Jhonier y Parente, quienes vienen desde el territorio amazónico, el semillero se abre un proceso de aprendizaje colectivo nutrido por charlas y diálogos. Su experiencia, junto con la participación estudiantil definió el tema central del mural: las comunidades indígenas en aislamiento voluntario y las organizaciones que les protegen. De esta juntanza con estos jóvenes líderes de sus territorios con la comunidad universitaria se produce el intercambio de saberes que tendría como resultado el mural. En esta etapa Jhon Sebastian Parente dió una charla sobre Descolonización cartográfica abierta al público.
Inicia la bocetación del mural con sesiones de dibujo y planificación colectiva en torno a lo aprendido. Jhonier, artista del territorio, aporta sus bocetos, que dan forma a la estructura general: en el centro las comunidades aisladas y alrededor las cuatro organizaciones que les protegen: AIZA; PANI; AIPEA y CIMTAR.
Mediante una construcción interpretativa, los símbolos se resignifican, se discuten y se incorporan al mural como parte de un relato compartido. Estos días dibujamos, compartimos estilos y configuramos parte de la estructura principal del mural. hacia el final de este proceso organizamos y compartimos al público interesado una charla con Gabriel, antropólogo, una charla sobre el pueblo embera en Bogotá. Como una forma de mirar las convivencias - lo chixi- de las comunidades indígenas con la comunidad académica.
Dos procesos simultáneos se comienzan: pintar el mural y hacer la chicha. En este camino, además de fortalecer lazos y dinámicas colectivas, surgen dilemas propios de la creación, como la elección de la paleta de color, que genera debates y tensiones. Organizamos una juntanza llamada “Torbellino grafitero y taller de chicha” en la que tendríamos un tallerista de graffiti: Maczero y una heredera de la hechura de chicha de San Gil. En una jornada de un día abierta al público. Una juntanza para empezar a pintar articulados.
Cada sábado nos reunimos a pintar en el muro, a veces también nos encontrábamos entre semana. Avanzamos en algunas partes.
Aun cuando la obra no estaba del todo terminada, se realiza el lanzamiento del mural. El encuentro es un momento para compartir aprendizajes, superar tensiones y afianzar el trabajo colectivo desde el diálogo y la escucha. En la jornada se comparten casabe, chicha y mambe. Pusimos la fogona a hacer casabe para comer con tipití y escuchamos la palabra de quienes habían acompañado el proceso: Jhonyl, Jhonnier, y Jhon Sebastian.
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El semillero abre una nueva etapa con la preparación de un viaje al Amazonas, para encontrarse con la comunidad del Castañal. El mural queda en pausa, mientras crece la expectativa por llevar el proceso más allá de la universidad. El viaje al Amazonas afianza profundamente el proceso de creación al entrar en contacto directo con el territorio. La experiencia se construye al hablar, compartir y convivir con la comunidad, reconociendo que las imágenes del mural están inscritas en su vida social y entablando diálogos sobre la cosmovisión magüta y su simbología.
Volvimos a reunirnos los sábados y sacamos el muro adelante.
De regreso en Bogotá, el semillero retoma el mural para incorporar los aprendizajes del viaje. En el camino se fortalecen las dinámicas de equipo: escuchar, resolver conflictos y crear en colectivo. La inauguración oficial, al cierre del semestre, incluye proyecciones de mapping y otras tecnologías que dialogan con el mural.
Hoy el mural Guardianes de lo Invisible habita la universidad comoun recordatorio vivo de los procesos colectivos que lo hicieron posible.Verlo materializado significa reconocer cómo el arte puede acompañar y visibilizar luchas territoriales, mientras el semillero sigue caminando con nuevos proyectos y aprendizajes. Al recorrerlo hoy, se abre también un espacio para escuchar las voces de quienes lo crearon, y lo que este proceso sigue significando en sus vidas.
CONVOCATORIA
EQUIPO
FECHA
Autogestionado
Beca CIC
Semillero Amanecer la Palabra
Colectivo PIEN
Lanzamiento
Mayo 2025

En el marco del Encuentro Tinta Dulce: sembrar hojas- cosechar palabras, en Casa Rosa, se proyectó el video Hasta el Último Respiro. Cámara, Jonathan Fetecua, edición por Sara Gutiérrez. El video registra el proceso de hacer mambe en la comunidad miraña de Mariápolis, río Caquetá.
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EQUIPO
FECHA
Autogestionado
Semillero Amanecer la Palabra
Lanzamiento
7 de diciembre de 2024
El Semillero Amanecer la palabra, por la invitación de uno de sus miembros: Jhon Sebastián Parente, llega por primera vez a la Amazonía, específicamente a Leticia a la comunidad Castañal Los Lagos. Para este primer acercamiento organizamos y ofrecimos tres talleres: uno de tejido, uno de audiovisual y uno de dibujo, para acercarnos a la comunidad desde el intercambio de saberes. Se hicieron 3 días de taller y un día de socialización de resultados. Luego, fuimos a quedarnos en el resguardo de la comunidad en el km 23, en casa de Doña Mery y el tío Mañuco donde conocimos más del naane de la gente de agua.
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El viernes 11 de abril aterrizaron en Leticia el grupo de avanzada, estando allá se dirigieron al km 2.5 al Castañal, a casa de Doña Marta y Don Sebastián, la casa Parente Arámbula. Esta es la casa familiar de Jhon Sebastián, donde nos quedamos mientras estuvimos en Castañal. Compartimos con Karol, Ivan, los abuelos y los nietos de la familia. Como llegamos un par de días antes al resto del grupo, empezamos visitando los objetos tejidos. Al llegar a Leticia, a la casa de la familia Parente, doña Martha empezó este hilo de conversaciones alrededor del tejido y el hilado. Doña Martha nos contó que su mamá le enseño a hilar, y que aún tenía guardada chambira que hilaban con ella. Esa misma noche, sacó la fibra y nos mostró cómo se hilaba torciéndola con la mano sobre la pierna.
Al otro día visitamos a la Doña Helena, y nos mostró lo que ella tejía, tinturaba e hilaba. En casa de la Doña Helena, estaba Don Eladio, su hermano quien nos mostró las hamaquitas que les hacía a sus sobrinos-nietos. Pronto entendimos que lo más valioso era dejar que fueran los mayores quienes marcaran el ritmo. M, Eliana, Juanita y Sophia se sentaron a aprender a tejer con ellos.
Finalmente, el lunes 14 de abril fuimos al km 23 a visitar a Doña Myriam, abuela de la comunidad que vive en el resguardo. Ella nos mostró cernidores, chambira torcida y sin torcer, la escoba de chambira, canastos y mochila. Compartimos con ella un rato en su casa, y salimos luego con Nixon, su yerno, al monte del km25. Él nos enseñó que debíamos pedir permiso para entrar al bosque, y allí nos mostró como bajar açaí trepándose a la palma.

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El 14 de abril, el grupo de avanzada vuelve del km 23 a Castañal y se prepara para recibir al resto del equipo que llegaba en el vuelo de las 5pm a Leticia. Nos encontramos en casa de Doña Marta todo el semillero y, como era de noche, decidimos espacios para guindar hamacas y dormir. Dado que éramos 15 personas, nos distribuimos en tres casas: Borboleta (bar de la comunidad), casa Parente Arámbula y la casa de Jaime. Amanecimos y fuimos a casa de Rodolfo y Nora a desayunar, quienes nos apoyaban con nuestra alimentación durante los siguientes cuatro días. Luego, se avisó por el perifoneo de la comunidad desde ese día empezábamos a ofrecer talleres de tejido, dibujo y audiovisual. Nos fuimos al colegio “Liceo los ángeles” donde nos dieron un espacio para convocar a la comunidad y realizar los talleres.
Los primeros asistentes fueron abuelos y niños interesados en tejido. M recuerda que fue Don Eladio quien tomó la iniciativa y empezó a enseñarnos a tejer una hamaca con fibras de plástico. El tejido es el mismo usado para tejer redes de pescar. Mientras que la abuela Helena nos mostró cómo hilar la chambira y con un poco de chambira hilada, le compartió a Juanita el tejido de mochila que había aprendido de su madre. Luego de encontrarnos con hamacas y mochilas, nuestra idea de taller se convirtió en un espacio de conversación y práctica donde el tejido era el catalizador de memoria y transmisión de historias —cuenta Juanita—. Así, mientras torcíamos chambira o anudábamos la atarraya, íbamos compartiendo historias, preguntas y aprendizajes.
Luego, empezaron a llegas más y más niños y niñas interesados en aprender a dibujar. El taller de dibujo lo desarrollamos principalmente con niños y jóvenes de la comunidad, en un rango amplio de edades —entre los 5 y los 19 años—, lo cual nos llevó a adaptar constantemente las actividades. Antes del viaje planeamos ejercicios de integración como el cadáver exquisto, dibujar a ciegas o experimentar con distintos materiales en secuencia, recuerda Shaiel. La propuesta inicial había surgido de un taller de fanzine que luego se transformó en taller de dibujo, y aunque llegamos con un plan, “el día antes del viaje ya habíamos cambiado la mitad y en territorio todo se transformó de nuevo”. La Semana Santa y las actividades religiosas hicieron que muchos niños no pudieran asistir, y quienes llegaron tenían tiempos de concentración muy diferentes, lo que nos llevó a personalizar los ejercicios según sus intereses.
En ese contexto, la colaboración entre nosotros fue fundamental. Aprender a enseñar fue un reto, comprendimos que necesitábamos otro punto de vista. Sara (Sarigueya) fue fundamental, le pedíamos consejo constantemente. Cada un_ de nostr_s tenía un fuerte. Por ejemplo, la fortaleza de Matías es la anatomía, Sara la fauna y flora; todos teníamos técnicas diferentes y materiales distintos —punturas, marcadores….—. Esa diversidad de enfoques enriqueció las sesiones y permitió responder mejor a lo que cada niño quería aprender.



Luego, los principales invitados a nuestros talleres, el grupo de danza “Los hijos del huito” llegaron. El trabajo audiovisual de este equipo interdisciplinario —que esperaba incluir mapping y nuevos medios o realidades expandidas— lo realizamos con el grupo de danza Los Hijos del Huito, liderado por Cristian Borrero en la comunidad Maguta del Castañal.
En nuestras reuniones previas a la entrada a campo pensamos que trabajaríamos de manera aislada en tres temáticas —audiovisual, textil, ilustración— y que desarrollaríamos un proceso estructurado de formación técnica: uso de cámaras, grabadoras, programas de edición, ejercicios de autorretrato, video en vivo e incluso una introducción al audiovisual expandido con mapping y programas de diseño sonoro. Nuestra planificación inicial fue ambiciosa. Sin embargo, desde el primer encuentro entendimos que el proceso sería otro. Ese primer día compartimos nociones básicas sobre el uso de cámaras y grabadoras, mostramos los equipos que llevábamos y cómo utilizarlos. Pero, al intercambiar intereses con el grupo, el taller cambió: ahora teníamos una nueva agenda co-decidida.


Como recuerda Sara, la experiencia tomó un rumbo distinto al compartir tiempo con ell_s. En los espacios entre ejercicios o tomas de fotografía, audio o video, pudimos ver que “más que querer aprender a usar esos equipos, querían era como tener a alguien que les ayudara a impulsar su imagen en redes”, afirma María José. Esto transformó la dinámica. Comprendimos que el aprendizaje de este tipo de espacios está en reconocer la importancia de no asumir los intereses de la comunidad y en pensar la enseñanza audiovisual como una creación situada: “uno puede asumir muchas cosas desde el desconocimiento y por eso luego se estrella”. Se trataba de articular nuestros conocimientos técnicos —que responden a lógicas externas— con las maneras en que el grupo de danza quiere ser narrado y presentado.
Desde el inicio, como recuerda Jonnatan, sabíamos de alguna manera que el plan no se cumpliría al pie de la letra y que lo importante era mantenernos flexibles: “cambió todo básicamente, no realizamos el taller, sino que más bien pusimos nuestros conocimientos al servicio de lo que el grupo quería”. Para él, el impacto más relevante fue abrir un camino de encuentro y confianza con la comunidad, sentando bases para pensar en un trabajo colectivo a mediano y largo plazo. Reconoció que visitar el territorio y compartir con su gente es “un privilegio y un aprendizaje enorme”, que nos cuestiona a quienes viajamos y a las formas habituales de acercarnos a una comunidad. Este primer día reafirmó la necesidad de co-construir metodologías desde los propios territorios, desde lo que aparece cuando nos encontramos.
Después de la jornada de talleres de la mañana tuvimos la tarde libre para conocer, estuvimos conociendo Leticia. Además, Jonathan fue a hacer un pequeño registro fotográfico y a compartir con el grupo de danza mientras ensayaban. Ese gesto sencillo anticipaba lo que sería el tono del proceso: más convivencia que instrucción formal, más acompañamiento que dirección técnica.
Por la noche, nos volvimos a reunir para escuchar en un mambeadero la palabra del sabedor Abel Santos. Lingüista y profesor de Universidad Nacional, sede Leticia. Quien nos compartió algunas nociones sobre la lengua maguta y nos contó historias del mito de origen de la gente tikuna y el origen del mundo.
El segundo día de taller, amanecimos en la casa Parente Arámbula. El grupo de Audiovisual fue el primero en levantarse, alistarse e ir a desayunar, ya que debían coger el bus al km23 a las 7am. El resto del equipo hizo lo mismo, pero se dirigió devuelta al colegio para empezar con el segundo día de talleres.El grupo de tejido reflexionó ese día lo siguiente: a los talleres que convocamos asistieron menos personas de las esperadas. Pero quienes iban mostraban todo el interés por sentarse a hacer. Igualmente, las visitas a las casas, el hacer en público, el interés por los quehaceres textiles despertó curiosidad. Doña Martha, por ejemplo, luego de que el hilado llegara de nuevo a su memoria, se acercó a aprender de don Eladio la técnica de anudado de hamacas. También vari_s niños y niñas se animaron a hilar y a participar en las actividades, y nos sorprendía que la mayoría de ellos/ellas ya sabían hilar y nos enseñaban. El oficio sigue ahí. Hilos gruesos y delgados, algunos tocidos con mayor rapidez que otros. Ver en acción cómo los hilos y el hacer activaba intereses y ganas de tejer nos llenó de emoción, pudimos entenderlo como un espacio de revitalización cultural.
El grupo de tejido reflexionó ese día lo siguiente: a los talleres que convocamos asistieron menos personas de las esperadas. Pero quienes iban mostraban todo el interés por sentarse a hacer. Igualmente, las visitas a las casas, el hacer en público, el interés por los quehaceres textiles despertó curiosidad. Doña Martha, por ejemplo, luego de que el hilado llegara de nuevo a su memoria, se acercó a aprender de don Eladio la técnica de anudado de hamacas. También vari_s niños y niñas se animaron a hilar y a participar en las actividades, y nos sorprendía que la mayoría de ellos/ellas ya sabían hilar y nos enseñaban. El oficio sigue ahí. Hilos gruesos y delgados, algunos tocidos con mayor rapidez que otros. Ver en acción cómo los hilos y el hacer activaba intereses y ganas de tejer nos llenó de emoción, pudimos entenderlo como un espacio de revitalización cultural.
Por su parte el taller de dibujo también avanzó. Sofía, que se unió al grupo de dibujo en la segunda jornada, recuerda a Maí, un niño que también es integrante de los Hijos del Huito y que prefería comunicarse por señas. “Él me dibujó a mí, y yo lo dibujé a él, mientras seguía las instrucciones de Sarigueya. No hablaba mucho, pero su destreza y su interés por el dibujo me llenaron por dentro; me cuestionaba de maneras técnicas y personales al mismo tiempo”. Ver ese entusiasmo fue una confirmación de que el dibujo generaba vínculos profundos más allá de lo técnico.
En simultáneo a estos dos talleres, estaba el equipo audiovisual a 20 kilómetros trabajando con el grupo de danza. Visitamos con tres parejas del grupo de baile el km 23, en la maloka de la comunidad. Nos acompañó y armonizó el encuentro la abuela Helena. Allí tomamos fotografías del grupo de danza e hicimos un registro en video de una nueva danza que estaban lanzando en ese momento.
Al terminar la jornada, mientras esperábamos el bus de las 2:00 p. m., fuimos a conocer el resguardo, a comer granadilla de la chagra y a bañarnos en la quebrada. Lo más valioso no fueron únicamente las tomas realizadas, sino los momentos de convivencia que despertaron memorias y oficios en la comunidad, y que nos permitieron aprender de los tiempos, ritmos y temas importantes para la comunidad a la que visitamos. La abuela Helena nos enseñó a pedir permiso para entrar a la maloka y nos compartió cantos.
El equipo audiovisual llegó de nuevo a Castañal a las 4pm, el resto del semillero ya había almorzado y les esperaba en el km11 donde iban a compartir con paisanos de otra comunidad un espacio de mambeadero en su maloka. Para compartir y aprender de la palabra dulce. Para acabar la jornada de ese día.
El día 3 de taller amanecimos en Castañal, pero esta vez nos dirigiríamos a “La Sede”, la casa del abuelo Nicolas Parente, sería el lugar que acogería nuestros talleres ese día. El equipo de tejido tuvo un acercamiento a tintes naturales, todos conocimos el huito. Nos cuentan así: aparecieron también los tintes naturales en nuestros encuentros: con la abuela Helena y Brígida aprendimos a preparar pigmentos que tradicionalmente sirven para teñir chambira, pero que terminamos usando también en ilustración, trae a la conversación Sophia, con ellos preparamos acuarelas. Esa mezcla nos mostró cómo las prácticas no se quedaron únicamente en los textiles, sino que fluyeron hacia otros lenguajes, uniendo el tejido con el dibujo. Una cosa llevaba a otra, la abuela Elena también nos mostraba dibujos hechos en la yanchama que eran usadas para hacer los trajes de los rituales y celebraciones propias Magüta. Una cosa llevaba a otra, nada se separaba, todo era parte de la misma red.
En lo personal y profesional, este trabajo nos transformó. Juanita afirma que le “mostró el valor que tiene la práctica artística en comunidad… (le) reafirmó que hay mucho que aprender de otros”. M señaló que la experiencia permitió a los estudiantes enfrentarse a las dificultades de convocar a una comunidad indígena con una alta influencia urbana y a lo que implica liderar un grupo y organizar una salida de campo, aprendizajes que son difíciles de evaluar, pero fundamentales para prácticas profesionales responsables y autónomas. Por su parte, Sophia, que se unió por un rato al grupo de tejido, aunque no tenía experiencia previa en textiles, terminó encontrando allí un gran interés. Se sorprendió de ver cómo el textil puede dar paso a tantas conexiones y conversaciones bonitas y profundas. "Me di cuenta de que en mi trabajo profesional me apasiona trabajar en colectivo" —compartió con el grupo.
Por su parte el equipo de dibujo para este día tuvo varias reflexiones ya llegando al cierre. El impacto de estos encuentros se notó en la perseverancia y curiosidad de quienes participaron. Shaiel recuerda la emoción de que un niño la llamara “profe” por primera vez, o la constancia de otro que, aunque no traía sus dibujos, practicaba en casa lo aprendido sobre caballos. También destaca que “entendimos que estaba bien si querían aprender cosas que no necesariamente eran comunes del territorio ni ancestrales: caballos, retratos de nosotros, personas con ojos morados o azules… la fantasía uniéndose con lo cotidiano”. Vimos en quienes asistieron el deseo de seguir aprendiendo técnicas y de que este tipo de actividades continúen, lo que demuestra un interés genuino de la juventud por las artes gráficas. Ese día fue divertido ya que hicieron con Sarigueya un taller de cadáver exquisito, lo cual les permitió jugar y crear a los niños que asistieron.
Y, en simultáneo, en el equipo audiovisual tuvimos una pequeña sesión experimental de mapping. Mientras tanto, Pablo realizó con los chicos del grupo de danza que asistieron un taller llamado “la caja de herramientas”, que nos permitió conocer cómo trabajar colaborativamente con el grupo de danza a futuro. En este espacio descubrimos que necesitaban apoyo para montar su portafolio. Aprendimos que nuestra planificación inicial fue ambiciosa. Pensamos que podríamos hacer desde autorretratos y ejercicios de cámara, hasta una introducción al audiovisual expandido con mapping y programas de diseño sonoro —, pero “todo cambió” —reflexiona Sara—. Jonnatan recuerda que desde alguna manera desde el inicio sabían que el plan no se cumpliría al pie de la letra y que lo importante era mantenerse flexibles: “cambió todo básicamente, no realizamos el taller, sino que más bien pusimos nuestros conocimientos al servicio de lo que el grupo quería”. A partir de esta experiencia pudimos imaginar la posibilidad de diseñar espacios de intercambio de conocimiento en contextos donde el acceso a la formación audiovisual técnica es limitado, pero que está lleno de mezclas de referencias propias con culturas populares y mainstream que enriquecen estas manifestaciones, y que van más allá de lo que ofrecen los tutoriales o cursos que pueden encontrarse fácilmente en ciudades o centros urbanos.
Al finalizar esta jornada, que fue la última de taller, fuimos a conocer el balneario del km 8. Un lugar que tiene un muelle turístico para bañarse en el río Tacana. Allí pudimos relajarnos y asentar los pensamientos sobre el trabajo hecho. Luego, salimos a conocer el puesto callejero del Beiju, un lugar de venta de casabe en la esquina de la droguería gloria, pasando por Coca-Cola. Un sitio que se ha vuelto una parada obligatoria siempre que estamos en Leticia.
El cuarto y último día de actividades en la comunidad, tuvimos una muestra de los resultados de cada taller. Los de tejido nos cuentan lo siguiente sobre su cierre. En cuanto a productos, logramos avanzar en una pequeña hamaca, hilar chambira, elaborar lanzaderas/agujas de madera hechas por don Eladio, y dejar registros fotográficos y de audio del proceso. Mientras nos enseñaban a tejer, Eliana recuerda como la abuela Elena y don Eladio hacían referencia a las herramientas y materiales en Magunta. Los momentos de hacer junt_s se convirtieron también en una manera de registro escrito de algunas palabras, lo que produjo un esbozo de glosario de tejido. A esto se sumaron las muestras de pigmentos naturales, que se usaron en ilustración, reforzando la idea de un proceso colectivo y entrelazado. Los tejidos, herramientas, materiales y palabras que recolectamos en estos días, se convirtieron en una pequeña muestra de cierre.
Más allá de lo material, lo que más valoramos fueron los vínculos creados y la certeza de haber abierto una “trocha” para seguir caminando con la comunidad del Castañal en su proceso de recuperación cultural. Como dijo Juanita, “el gran valor de la visita estuvo en los momentos más sencillos y genuinos de interacción con quienes nos recibieron y ayudaron”. Y sobre todo, que tiempo después recibiéramos fotos, mensajes y audios en los que nos contaban que habían seguido tejiendo. Nuestra presencia fue solo una excusa, que reconocemos se deriva de un ejercicio que sale de la academia, pero que despierta saberes que estaban dormidos en las manos de quienes ya sabían hilar o tejer, o que ahora quieren hacerlo. Mostraron objetos tejidos con sus nombres en Maguta.
Por su parte el grupo de dibujo cuenta que sintieron que el taller llenó de color y creatividad nuestra visita. Y en un momento se trenzó con el taller de tejido que trajo los tintes naturales. Los pigmentos que hicimos con las plantas pasaron de los jardines de las casas de Castañal Los Lagos al dibujo, mostrando cómo las prácticas se mezclaban y fluían entre grupos, y que el territorio también aportaba el color. Los productos del taller incluyeron carpetas de dibujos individuales que mostraban el proceso de cada niño, una exposición improvisada en las paredes de la casa donde se hizo el cierre, fotografías con autorización de familias, y una mesa con las muestras de tintes naturales convertidos en acuarelas que algunos se animaron a probar directamente. Más allá de lo material, lo que quedó fue el aprendizaje de preguntar con honestidad, de reconocer que no lo sabemos todo y de abrir espacio para la creatividad de cada participante.
Y, en el taller audiovisual, realizamos una muestra de un corto reel de video y una de las tomas del registro de la danza. Los chicos del grupo de danza también se presentaron ante la comunidad. En términos de productos, además de fotografías, grabaciones y una pequeña muestra audiovisual que hicimos con los Hijos del Huito, no creemos que los resultados más valiosos sean esos. En nuestras reuniones previas a la entrada a campo pensamos que trabajaríamos de manera aislada en tres temáticas —audiovisual, textil, ilustración—, pero esto se enredó. Las lógicas Magüta, que no hacen separaciones radicales como nuestras culturas occidentalizadas, se unieron desde el hacer. Las personas se cruzaron, porque quienes participaban —incluyéndonos— podíamos hacer un poquito de cada cosa.
El trabajo reafirma la necesidad de co-construir metodologías desde los propios territorios, desde lo que se encuentre cuando nos encontramos. No esperamos medir el impacto por el número de materiales entregados, sino en los vínculos tejidos, en las preguntas abiertas, en las publicaciones que usan en sus redes sociales con lo que produjimos y en la conciencia de que estos procesos requieren continuidad y tiempo. Como concluyó María José, “no es ir un fin de semana y ya”.
Luego de las muestras compartimos un olla para la comunidad que preparamos en casa Parente Arámbula, junto con la familia que nos acogió en esta entrada.
Luego fuimos a conocer la quebrada Yahuarcaca, nos llevó una prima de Jhon Sebastián a remo, pedimos permiso y nadamos. Recorrimos la comunidad desde la parte de atrás de las casas.
Después, aún nos quedaban algunos días, por lo que decidimos prepararnos e irnos a quedar en el resguardo en el km 23. Allí hicimos un recorrido en la selva acompañados por Nixon. Conocimos la casa de la tía Mery y el tío Mañuco quienes no habíamos estado en el grupo de avanzada. Compartimos en la chagra y en la quebrada cercana. Allí nos pintamos con huito y nos despedimos del naane de la gente de agua.

EQUIPO
FECHA
Semillero Amanecer la Palabra
Abril 11 - 21, 2025

Nuestra segunda entrada a la comunidad El Castañal como Semillero Amanecer la Palabra se realizó entre el sábado 2 de Agosto de 2025 y el jueves 14 de Agosto de 2025, y tuvo como objetivo continuar apoyando la iniciativa de Jhon Sebastián Parente (miembro del Castañal Los Lagos y compañero del Semillero), de revitalizar la cultura magütaen su comunidad, mediante el acercamiento de su comunidad a comunidades vecinas cómo Arara y Mocagua. Así mismo, esta entrada tenía como objetivo seguir madurando en la comunidad, la idea de construir una casa cultural o un espacio para el fomento y revitalización cultural.
La metodología consistió en recorrer el territorio (selva, rastrojos, trochas, ríos, asentamientos, malocas, etc), reunirnos con abuelos, abuelas y líderes, escuchar sus saberes sobre narraciones de origen, su identidad cultural, la ceremonia de la pelazón, el huito, la chagra, la pesca, los tejidos, las malocas, los canastos, los trajes de las ceremonias, la importancia de los afluentes como la quebrada y lagos de Yahuarcaca, entre otros.
Aterrizamos en Leticia el día sábado 2 de Agosto, la ciudad nos abastecería de provisiones para nuestro recorrido por la Selva, algunas de las compras que realizamos fueron toldillos, tokai, velas, fariña, farofa, sal, azúcar, aceite y pescado fresco para la mamá de Sebastian Parente que nos estaba esperando para recibirnos en su casa en el Km 2.5.
También aprovechamos la estadía para visitar el puerto de Leticia y confirmar el alquiler de la lancha que nos recogería en Arara y nos transportaría por el río hasta Mocagua y luego de regreso a Leticia, también visitamos el museo del banco de la república, la plaza de mercado, la plaza central con sus aves y los puestos de comida típica.
Estos días sirvieron para compartir con la familia de Parente, quienes nos contaron historias de pesca del Papá y sus batallas con los grandes dorados (enormes pescados de cuero o peces gato). También la mamá de Parente nos contó orgullosa que había retomado el tejido gracias los talleres de tejido de la primera entrada del Semillero Amanecer la Palabra a la comunidad.
El 5 de agosto caminamos casi dos horas por una pequeña carretera luego que el bus nos dejara en el km11. De camino Jhon Sebastian nos contaba sobre cuando venía a este río con su familia de niño. De camino Daniel se compró un purichi de coco, y Jhon Sebastian nos enseñó sobre que no debemos tomar la fruta de los árboles de las casas ya que a veces protegían con brujería estos frutos para que no se los robaran. Luego de caminar, llegamos a una casa que tiene un puerto al río, se nos unió a bañarse una niña de la casa. Era muy impresionante la fuerza de este río, tiene una fuerte corriente. Estuvimos allí la mayoría de la tarde. En un momento comenzó a llover, y Jhon Sebastian nos dijo que cuando llovía era más rico bañarse, por lo que fuimos de nuevo a meternos al río. Cuando escampó nos fuimos para que no se nos hiciera de noche. Volvimos a la carretera de los kilómetros y volvimos en bus a casa de los Parente Arámbula. Allí le celebramos el cumpleaños a Daniel.
El 6 de agosto tuvimos una reunión con la curaca Rosemary Parente, el cabildo de la comunidad y el grupo de danza. En esa reunión Jhon Sebastian y Estaban presentaban a la comunidad la intención de que caminaramos a Arara y visitaramos Mocagua. Cuadramos logística y fechas con la comunidad. Nixon decidió acompañarnos y guiarnos a Arara y luego a Mocagua. El 8 de agosto saldríamos al km 23 para de ahí salir a Arara por trocha.
Cuando ya nos habíamos reunido todo el equipo que participó en esta entrada, nos preparamos para ir al km 23. Con la aprobación de la comunidad y la participación activa del comunero Nixon Ahué Santos, Nos encontramos el km23, compartimos la cena antes de salir y dormimos, pasamos la noche en el Km 23 y al siguiente día iniciamos la caminata de 3 horas por la selva hasta Arara. El camino a Arara nos permitió conectarnos con la selva y este territorio mágico y ancestral de los Magüta, el comunero y guia Nixon Ahué lo hacía más especial pues conocía el territorio cómo la palma de su mano y hasta nos dio consejos por si nos perdíamos en la selva, cómo seguir la trayectoria de los aviones la cual nos podría indicar hacia donde estaba Leticia. También nos habló de los distintos animales que se encuentran en la región, de los espíritus de la selva, de los hongos luminiscentes, de las frutas que podíamos comer, también nos habló de la pesca y las guacamayas azules.
Durante el recorrido escuchamos unas motosierras y Nixón nos recordó la problemática que vive la región con la explotación ilegal de madera por parte de actores externos a la comunidad.
Llegamos a Arara, nos recibió la quema de la chagra que estaban rotando. Nos había acompañado todo el camino una perrita llamada Mona. En Arara nos enconstramos con Baudilio, vicecuraca que nos recibió en la construcción de su horno de fariña. Allí nos dijo que llegaramos con clama, que nos bañaramos en la quebrada e hiciéramos almuerzo. Luego por la noche nos veríamos con el cabildo en la Maloka. A mi Ssara) y a Shaiel nos mandaron a buscar algo de proteína para el almuerzo en la comunidad. Llegamos a una tienda que era al lado de la Maloka y compramos calabresa. Cuando nos estábamos devolviendo al lugar donde teníamos haciendo el almuerzo, empezó a llover. Nos resguardamos en un techo chiquitito, y eventualmente salimos y corrimos al fogón. Pudimos cocinar y hacer un comedor con platos de hoja de plátano. Almorzamos con Baudilio y su hijo Andresito. Luego, fuimos a la Maloka, lugar donde nos reuniríamos y luego, nos quedaríamos a dormir.
En la reunión con el cabildo de Arara, los compañeros Nixon y Jhon Sebastian presentaron sus preocupaciones sobre el Castañal. Luego de la pandemia con la muerte del abuelo Tigre, sabedor de la comunidad, empezaron a desenraizarse de sus tradiciones comunitarias. En Arara los sabedores defendieron la vitalidad de la lengua propia, la importancia de la curación con tabáco y ofrecieron aliarse con el Castañal Los Lagos. Arreglamos una reunión con los líderes que decidieron ayudar a la comunidad: Policarpa, Baudilio, y Nelson, junto con el cabildo de Castañal para el domingo.
Acabamos el día, guindamos hamacas en la maloka y dormimos. A la mañana siguiente, nos alistamos porque nos recogería un bote que venía con el cabildo de casañal desde Leticia para llevarnos a Mocagua.
Amanecimos en Arara, Nixon estaba algo preocupado desde la noche anterior porque no encontraba a Mona, la perrita que nos estaba acompañando desde el km23. Luego de buscar, no pudimos encontrarla. Fuimos a conocer la casa de Policarpa, compramos algunas artesanías que ella hacía. Nos fuimos al puerto. De Arara a Mocagua nos recogieron en el bote que habíamos alquilado, en el que nos estaba esperando la Curaca Rosemary Parente y otros miembros de la comunidad del Castañal que nos acompañaron hasta Mocagua donde pudimos recorrer una preciosa comunidad ubicada al lado izquierdo del río Amazonas. En Mocagua nos reunimos con el profesor Abel, quien nos presentó su museo de la cultura magüta y nos contó de la identidad de los clanes, el mito fundador, la ceremonia de la pelazón, el huito, la chagra, los tejidos, los canastos, las vasijas de barro, los trajes de las ceremonias, entre otros elementos sagrados y tradicionales de la cultura indígena magüta.
El encuentro con el profesor Abel y su valioso esfuerzo por recuperar historias de la cultura Maguta y salvaguardar los elementos significativos para su pueblo, nos permitió entender la importancia de nuestra labor con la iniciativa de los talleres de tejido y dibujo que se adelantaron en la primera entrada a la comunidad El Castañal y nos dió una idea de cómo mediante un museo o una casa cultural, esta comunidad podría preservar su cultura, su lengua y la memoria del pueblo Maguta.
Por último, es importante resaltar dos aspectos de la visita a Mocagua: el primero, que fue interesante observar en el museo las maneras cómo los integrantes del Castañal observaban e interactuaron con los elementos del museo, tocandolos, sintiéndolos, apreciándolos, etc, de manera distinta a las actitudes o comportamientos convencionales que la gente suele adoptar en los museos o por las reglas de los mismos. La reflexión al respecto, quedará para un próximo capítulo. Y el segundo aspecto, de igual forma, se deja aquí para la imaginación e interpretaciones diversas, y tiene que ver con la presencia de una serpiente venenosa en una esquina de la maloca de la comunidad en donde pasamos la noche para descansar. Desde mi interpretación la serpiente no era una amenaza, sino que tenía la función de protegernos hasta el amanecer, momento en cual cumplida su trabajo continuó su rumbo por su territorio.
Anocheció y el profesor Abel fue a mostrarnos la Maloka, donde nos quedaríamos. Guindamos nuestras hamacas y compartimos un rato por la noche historias. Cuando nos dimos cuenta que había una serpiente en la Maloka, muy cerca de la hamaca de Daniel. Ya no nos acompañaba ningún comunero, y confiamos en que nada debía pasarnos. Daniel subió su hamaca y dormimos, teníamos que madrugar a salir a Leticia para alcanzar la reunión en el km23 con los lideres de Arara. Esa mañana llovía mucho y no podíamos salir a Leticia, nuestro bote no tenia techo. Esperamos, desayunamos, y algo tarde salimos. Esa mañana Nixon nos contó que había soñado que la Mona, había regresado de Arara al km23 y que la encontraríamos de regreso.
De camino de Mocagua a Leticia, vivimos la magia del río, encontramos unas playas, Shaiel, Alejandra, Esteban y Nixon se bañaron. Finalmente llegamos a Leticia. No teníamos forma de llegar al km 23 porque ya había salido el bus. Jhon y Esteban de la nada aparecieron con un bus. Nos montamos todos y salimos directo al km 23. Allá estaban los lideres de Arara, llevaban casi 3 horas esperandonos. Nos excusamos por el mal clima. Hemos aprendido que los ritmos de la selva, del río, aveces tienen esos momoentos, donde sólo hay que esperar a que escampe. Nos encontramos con otros comuneros en el km 23 y el cabildo de Castañal se unió los lideres y aceptaron su ayuda. Acabando esta correría, volvimos a Bogotá.
EQUIPO
FECHA
Semillero Amanecer la Palabra
Agosto 2 – 14, 2025
Los Semilleros Amanecer la palabra y Tramas Textiles con la comunidad Magütá comunidad Castañal de Los Lagos resguardo km 23, del municipio de Leticia, organizamos un encuentro denominado Sembrar bien, cuyo objetivo fue definir colectivamente acciones concretas orientadas a la rememoración y fortalecimiento de la lengua Magüta y, por ende, de su cultura, a través de las prácticas de tejido.
Estas acciones resultaron en productos que se entregaron en un evento festivo a la comunidad en diciembre 2026.

La jornada inició con la llegada de las abuelas en el último bus que llega al KM 25 desde Leticia más o menos a las 6pm.
La abuela Maria Helena abrió el espacio con una armonización seguido por un momento de presentación de los participantes y del equipo del semillero orientado a pedir consejo a las sabedoras del territorio, una acción fundamental para situar el encuentro desde el respeto, la escucha y la reciprocidad con el territorio y sus saberes. Este acto inaugural marcó el tono del espacio, reconociendo la autoridad del conocimiento ancestral y la importancia de caminar la palabra antes de emprender cualquier acción colectiva.


Posteriormente, realizamos un compartir alrededor de una cena comunitaria, entendida no sólo como un momento de alimentación, sino como un espacio de conversación, confianza y tejido de relaciones.
Este compartir fortaleció el espíritu colectivo y preparó el terreno para los diálogos posteriores. En este contexto, presentamos el sentido y los objetivos del encuentro Sembrar bien, contextualizando el interés por acompañar y visibilizar los sistemas de conocimiento asociados al tejido y su relación con el territorio, la memoria y la vida cotidiana del pueblo Magüta. Asimismo, se resaltó la importancia de construir procesos desde la co-creación, el cuidado ético y el respeto por los tiempos y dinámicas propias de la comunidad.

Seguido a esto, propusimos de manera abierta varias ideas sobre posibles productos del proceso, que en ese punto fueron: un glosario magüta, concebido como una herramienta para recoger y compartir palabras, conceptos y significados propios del tejido, del pensamiento y de la lengua magüta; una jornada de estampación, pensada como un espacio práctico y creativo para traducir los saberes del tejido a otros lenguajes visuales y materiales; y microcápsulas de video, piezas breves orientadas a documentar historias, reflexiones y prácticas en torno a los objetos domésticos tejidos (hamaca, cernidor, canasto, mochila, escoba entre otros). Estas propuestas fueron planteadas como puntos de partida abiertos al diálogo y al ajuste colectivo.
Posteriormente, realizamos una serie de preguntas abiertas con el fin de dinamizar la conversación desde la cotidianidad, la intimidad, la memoria y lo colectivo-comunitario, y de servir como base para planear un recorrido del monte en el resguardo que permitiera reconocer los lugares donde se encuentran las plantas que se utilizan en la elaboración de objetos cotidianos tejidos. Pasamos la noche juntos en el resguardo, con la expectativa de recorrer el monte al dia siguiente.
Después de un desayuno comunitario, nos preparamos para la caminata siguiendo la guía de la abuela Maria Helena quien nos explicó como pedir permiso con tabaco, copal, respeto e intención para entrar al monte antes de iniciar la caminata. Más que una caminata el recorrido fue una metodología viva para aprender, recordar y dialogar. La jornada cerró con el acuerdo de continuar el proceso desde la caminata, la palabra compartida y el respeto por los ritmos del territorio. Regresamos a la casa con depe y chambira, las abuelas empezaron a tejerse escobas y cernidores, quienes no sabíamos como hacerlo nos acercamos a aprender y si espontáneamente fueron surgiendo ideas y caminos posibles para seguir sembrando bien desde el conocimiento y la práctica del tejido Magüta.
Durante el 28 de septiembre nos quedamos en el km23 y doña Ema empezó a enseñar a Doña Marta cómo tejer cernidor.
Luego, junto con las abuelas sabedoras de la comunidad del Castañal de los Lagos, visitamos el Museo Etnográfico Magüta, ubicado en la comunidad de Mocagua, dirigido por el profesor Abel Santos-Angarita, quien nos ha guiado en el proceso y ha sido un apoyo fundamental para acercarnos a los mundos Magütá. Recorrimos por segunda vez el museo y sus objetos pero esta vez acompañad_s de las abuelas, el tacto y las historias. Y las abuelas encontraron memorias que solo los objetos podrían enactar. Hace mucho no veían algunos de los canastos, cernidores, tipitis que el museo resguarda, lo que detonó conversaciones y ganas de tejer y recuperar técnicas en peligro de desaparición.Por medio de los objetos expuestos en el museo las abuelas rememoraron el Yüü, ritual de paso de las mujeres magüta, danzando y explicando el uso de los objetos y el papel de cada personaje del baile.
Durante esta jornada, entre los miembros del semillero, delineamos los productos y compromisos que serían entregados a la comunidad en diciembre del 2026.
Los miembros de los semilleros planeamos dos jornadas de trabajo con el profesor Abel Santos Angarita, en las cuales le consultamos la idea de construir un glosario a partir de la experiencia de recolección de la planta de depe para el tejido del cernidor -Küechinü- los días del encuentro con las abuelas. Las jornadas de trabajo se transformaron en un mambeadero alrededor de un tablero sobre el cual el profesor Abel nos introdujo a la naturaleza rizomática o miceliar del pensamiento magüta. Estas jornadas nos demostraron que ese glosario tendría que ser miceliar.
Durante Octubre y Noviembre los semilleros trabajamos en las piezas gráficas y el video que acompañaría el lanzamiento. Se aprovechó la interdisciplinariedad utilizando recursos de los talleres de diseño (la Riso y los equipos de serigrafía) y las habilidades de dibujo del equipo de arte.
EQUIPO
FECHA
Semillero Amanecer la Palabra
Semillero Tramas Textiles
Septiembre 26 - octubre 3, 2026

Se definieron dos espacios para el encuentro Namaa ta kua —buen trato a lo sembrado—, En donde entregamos a las abuelas Magüta y a su comunidad lo construido a lo largo del proceso, fruto de la generosidad con la que compartieron sus saberes y enseñanzas alrededor del tejido. Y de este espíritu nació Namaa ta kua entendido como un acto de correspondencia para devolver lo aprendido, reconocer el valor del conocimiento transmitido y reafirmar el compromiso ético con el territorio y su gente. Así, volvimos a viajar para producir entre el 13 y 15 de diciembre un espacio de socialización, no solo al interior de la comunidad Magütá, sino con audiencias externas.
Ver MásEl grupo de avanzada se encargó de hacer la difusión de los eventos. Estuvimos en la asamblea de la comunidad y pedimos permiso para empapelar con el flyer.
Además fuimos al Km23 para recoger el waruma o depe de la selva junto con Doña Ema y Doña Marta. Para tener preparado el material para el taller que se iba a dar de Cernidor en el espacio cultural del banco de la república.
El primer encuentro fue en el Castañal Los lagos, en el cual se convocó a toda la comunidad para una serie de actividades intergeneracionales:
Torneo de trompo.
Círculo de palabra.
Torneo de micro fútbol.
Concurso de lengua magüta en el cual las abuelas sería el jurado.
Estampación con palabras en lengua Magüta Numae —saludo magütá— y nachiga —sonidos del ser, historia—.
Concierto con un artista local.
El segundo encuentro fue en el Museo Etnográfico del Banco de la República de Leticia.
Que gracias a nuestra gestión y la generosidad del Centro Cultural del Banco de la República pudimos albergar personas de la comunidad orgullosas de su trabajo y de lo que estamos construyendo, y como otras comunidades que se inspiraron y se acercaron a preguntar a las abuelas y nosotr_s por la manera en que estamos trabajando.
Empezamos con una conversación entre Sandra Fernández Sebastián , sabedora del pueblo Magüta, Anitalia Pijachi Kuyuedo del pueblo Ocaina, y Jhon Sebastián Parente también del pueblo Magüta, llamado Las plantas a través de la palabra. Luego realizamos el taller de tejido Magüta, dirigido por la sabedora Ema Santos y acompañada de todas las sabedoras del proceso, en donde juntos tejimos un kuéchinü (Cernidor) con niños, niñas y mujeres y hombres adult_s, compartimos ñarema (pan ancestral de origen Magüta hecho de almidón de yuca), como una forma de endulzar con comida Magüta la palabra y los cuerpos de quienes estábamos allí.
Al final de la jornada realizamos una estampatón con palabras en lengua Magüta Numae —saludo magütá— y nachiga —sonidos del ser, historia—. Cerramos el evento con la proyección del video Naane, en la pared externa del museo mientras las abuelas ofrecieron a hacer una armonización con tabaco y huito.
Esta visita a territorio Magüta, se realizó como un espacio de encuentro, conversación y agradecimiento, fortaleciendo los lazos construidos y reconociendo el tejido como una práctica viva que conecta memoria, cuerpo y territorio.
Los semilleros Amanecer la Palabra y Tramas Textiles fuimos invitades a Nazareth Amazonas para participar en una ceremonia de yüü (ritual de paso de las niñas) y a apoyar al vicariato en actividades relacionadas con las fiestas de fin de año.
Asistir al ritual de yüü. Como grupo nos sentimos muy honrades con esta invitación, pues llevábamos todo el año escuchando de distintas fuentes sobre su importancia espiritual para mantener el equilibrio de la vida, la fertilidad y renovar alianzas. Por respeto a la ceremonia no tomamos fotos
Nuestro apoyo al vicariato consistió en realizar una tercera jornada de estampación de palabras magüta en camisetas en la iglesia de Nazareth en la cual se estamparon más de 20 camisetas.
Los semilleros Amanecer la Palabra y Tramas Textiles fuimos invitades a Marizu, Amazonas, una comunidad maguta de Brasil. Fuimos acompañadas por la abuela Helena con su nieto James y la abuela Ema. Alquilamos una lancha y salimos por río. De camino las abuelas nos mostraron donde desemboca Yahuarcaca al río Amazonas. El trayecto fue corto, al llegar fuimos a “donde el Colombiano”, que es como conocen al hijo de Eladio, sobrino de Doña Helena. De camino paramos a comprar chambira. Al llegar, nos recibieron con mucha apertura, en la casa del colombiano había una piel de un tigrillo con el que él había peleado. Compartimos historias y nos regaló un pescado que estaba arreglando, los asamos e hicimos un clado. Mientras nos mostraron unos objetos tejidos de la casa. Luego, comimos y salimos al puerto de nuevo. Allí cruzamos el puente para ver un pequeño mercado de carne de monte. La abuela Helena compró un caimán pequeño, era impresionante que pidió que se lo arreglaran y llevaba 4 bolsas de caimán. Llegó nuestro bote y volvimos a Leticia.
EQUIPO
FECHA
Semillero Amanecer la Palabra
Diciembre 13 - 21, 2026